Quién sabe, quizás se trata solo de una casualidad. Una de esas coincidencias aleatorias que se producen cuando se alinean los astros en un lugar concreto y no significa nada especial en sí misma. O tal vez no.

El caso es que los países que consumen más productos lácteos son también los que más premios Nobel han ganado a lo largo de la historia. Es lo que ocurre con Suecia, que lidera el ranking con 33 premios Nobel por cada 10 millones de ciudadanos, el cual es, así mismo, el país que más productos lácteos consume en todo el mundo: 340 kilos anuales por persona. Suiza, el segundo de la lista con 32 premios Nobel, también es uno de los que más leche consume. Y a la inversa: en China, cuyos ciudadanos apenas han recibido este tipo de galardones, solo se toman 25 kilogramos de lácteos por persona al año.

Estos datos han sido compilados, relacionados y presentados por un equipo de investigación del hospital británico Gloucester Royal. El citado estudio ha analizado el consumo de leche per cápita de una muestra total de 22 países. Sus conclusiones plantean si el mayor consumo de leche es la consecuencia de un mejor sistema educativo; aunque también esbozan la posibilidad de que este efecto se deba a un factor biológico producido por la riqueza en vitamina D de este alimento, la cual ha quedado demostrado que mejora diversas funciones cognitivas.

Otro estudio científico

Pero esta no es la única investigación sobre el mayor desarrollo intelectual que podría propiciar el consumo lácteo. Hace algunos años, científicos de la universidad norteamericana de Maine concluyeron que tomar al menos un vaso diario de leche podría resultar beneficioso para nuestro cerebro. Para llegar a este resultado investigaron a novecientas personas, con edades entre los 23 y los 98 años, a las que sometieron a un exhaustivo test de inteligencia centrado en tres áreas: visual-espacial, verbal y memoria.

Sus conclusiones establecieron que la posibilidad de acierto en estos tests era cinco veces mayor entre los consumidores habituales de lácteos.

Tampoco queremos engañarte: la investigación de esta relación entre el consumo de lácteos y el desarrollo cognitivo está empezando. Sin duda, más allá de estos resultados, tendrán que pasar algunas décadas y nuevos estudios científicos hasta poder establecer, con precisión, cómo influye el consumo de lácteos en nuestro cerebro y nuestras competencias intelectuales.

Sea como sea, la ingesta de estos alimentos —como de cualquier otro— debe integrarse en una dieta equilibrada y variada, saludable, adecuada para la persona que la lleva a cabo. En principio, entre dos y cuatro raciones de lácteos diarios —quesos, batidos, yogures, leche…— son un ratio adecuado. Lo principal es elegir productos lácteos excelentes, nutricionalmente superiores y desarrollados con leche excepcional.

Productos como los de Benestare, fabricados en calidad de alimento.

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