Cada vez más, la elección de los productos que comemos está dejando de ser un proceso instintivo e irracional para sustentarse en decisiones más racionales y sopesadas. Afortunadamente, se está extendiendo la tendencia de comer mejor, buscar productos más acordes con nuestras necesidades y seleccionarlos en función de sus atributos cualitativos y nutricionales.

Por ello, como ya explicamos en nuestro artículo ¿Por qué las etiquetas de los lácteos llevan tanta información?, el packaging de los productos lácteos, como el del resto de los alimentos, se está llenando de información valiosa, interesante, que nos ayuda a decidir con acierto.

Guía rápida para comprender los datos nutricionales

Está claro que entender el etiquetado ayuda a hacer mejores elecciones. Con este post pretendemos facilitar la comprensión de las tablas nutricionales que aparecen en muchos de ellos.

El primer concepto básico es que los consumidores necesitamos saber qué nutrientes estamos ingiriendo, y en qué proporciones, al tomar cada alimento concreto. De este modo podremos adecuar el resto de nuestra dieta diaria, para cumplir con esa alimentación equilibrada que nos conviene.

En las etiquetas nutricionales suelen aparecer indicadores relacionados con el valor energético, las grasas, los hidratos de carbono, la fibra, las proteínas, la sal o el calcio, entre otros ingredientes, en función de las características y la composición de cada producto específico.

Habitualmente, estos datos se presentan en valores medios. Por ejemplo: Por 100 g o Por ración, lo cual es una referencia que cada usuario debe adaptar a su consumo final. ¿Lo vemos con un ejemplo? Fíjate bien:

  1. El dato aparece en el envase por ración: 82 mg de calcio.
  2. El envase contiene 2 raciones.
  3. Me he comido todo el paquete.
  4. En consecuencia, para saber cuál ha sido mi ingesta tengo que multiplicar el dato por ración por 2. Es decir: 82 mg/ración x 2 raciones = 164 mg de calcio he ingerido.

VRN y % IR

Otros indicadores importantes que podemos encontrar en estas etiquetas son los VRN (Valores de Referencia de Nutrientes) y el % IR (Ingesta de Referencia). Se trata de cifras que la OMS, la FAO y otras organizaciones han establecido como valores ejemplares, de referencia, que podrían ser recomendables para una alimentación equilibrada y sana. Lo más normal es encontrarlas referidas para un adulto medio, y sirven para establecer comparaciones que pueden guiar y orientar al consumidor final. Así, se ha fijado en 2000 kilocalorías diarias la cifra considerada apropiada para un adulto estándar, y se ha hecho lo mismo con el resto de los nutrientes referidos en las etiquetas.

Por ello, si comparamos la cantidad de nutrientes que ingerimos al consumir el producto con los valores de referencia de cada uno de ellos, tendremos claro cómo nos conviene completar nuestra ingesta durante el resto del día.

Con un ejemplo se ve mucho más claro. Si tomamos una ración de leche condensada desnatada de Benestare, establecida en 35 g (3 o 4 cucharadas), su valor energético de proteínas es 407 kJ. Como, según la tabla nutricional, supone el 5 % de la ingesta diaria de referencia recomendable para un adulto medio, tendremos que consumir el 95 % restante en los demás alimentos que tomemos ese día.

Si comienzas a prestar atención a estos indicadores, enseguida te familiarizarás con ellos y podrás asegurarte una ingesta acorde con una alimentación equilibrada. No se trata de obsesionarnos con la dieta ni de numeralizar los placeres culinarios. Tan solo de controlar cuáles son nuestros aportes nutritivos para adecuarlos, si queremos, a lo que nuestra salud y nuestro estilo de vida requieren.

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