La leche condensada es un alimento imprescindible en cada vez más platos, recetas, postres y bebidas contemporáneos. La leche ha existido siempre, pero la invención de esta versión que permite conservarla durante largo tiempo —sin envasado ni refrigeración mientras no se abre el envase— es relativamente reciente. Sintetizando, podemos decir que la leche condensada es leche a la que se le ha extraído el agua y se le ha añadido azúcar, por lo que resulta un producto espeso y exquisito. Pero ¿cómo se llegó a esta solución?

Las investigaciones comenzaron en el siglo XIX, una época en la que las condiciones higiénicas del ordeñamiento y la conservación de la leche no eran las idóneas, lo que provocaba abundantes contaminaciones y frecuentes intoxicaciones.

El objetivo estaba claro: conseguir conservar la leche durante más tiempo, de una manera saludable, sin tener que depender de la refrigeración y manteniendo intactas sus cualidades y sabor. Fue Nicolás Appert, un científico francés, quien experimentó en su país con la primera técnica para producir leche condensada. Lo hizo en 1822, cuando evaporó al baño maría el agua de la leche. Tardó siete años más en mejorar el proceso, el cual logró hacer, finalmente, al vacío.

Con posterioridad, en 1835, el británico William Newton avanzó el sistema gracias a dos importantes innovaciones: la posibilidad de preservar la leche a una temperatura inferior a la requerida para su esterilización y la adición de azúcar como conservante.

Veintiún años después, el procedimiento fue patentado y aplicado a nivel industrial gracias al norteamericano Gail Borden, conocido como «el padre de la industria láctea moderna», quien creó la empresa New York Condensed Milk Company, un año después, para explotar el sistema. Dio con la clave, tras muchos intentos fallidos, al inspirarse en una cápsula de evaporación que se empleaba para condensar zumo, la cual le permitía hacerlo sin quemar ni cuajar la leche, los principales problemas a los que se enfrentaba.

En el campo de batalla

Un momento clave en la popularización y difusión de este alimento fue la Guerra de Secesión de Estados Unidos (entre 1861 y 1865), ya que este alimento formó parte habitual de la dotación sumistrada a los soldados. Estas latas resultaban prácticas y fáciles de llevar, al tiempo que su contenido suponía un excelente aporte energético (unas mil trescientas calorías por ración) para los militares de uno y otro bando.

Finalizada la contienda, la mayor parte de la sociedad norteamericana ya se había acostumbrado a su agradable consumo, para el que comenzaron a desarrollarse nuevos usos y recetas. Rápidamente se extendió al resto de América (en 1871 ya se publicitaba en Brasil, por ejemplo) y, con posterioridad, a todo el mundo.

Gracias a ello, hoy podemos disfrutar de su delicioso sabor en multitud de postres, bebidas, meriendas y delicatessen. Y, ahora, gracias a nuestra gama de productos Benestare, disfrutarlo con una calidad incomparable y una trazabilidad integral, pues la elaboramos con leche 100 % española de nuestra propia ganadería.

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